¿Qué es la soberanía tecnológica y por qué será clave en la era de la inteligencia artificial?

La soberanía tecnológica es la capacidad de una sociedad, una organización o un Estado para decidir de forma autónoma cómo desarrolla, utiliza y gobierna sus tecnologías digitales, sus infraestructuras y sus datos.

No significa fabricar todos los dispositivos o crear todas las plataformas desde cero. Significa disponer del conocimiento, las capacidades y el control suficientes para que las decisiones tecnológicas respondan al interés público y no dependan exclusivamente de grandes corporaciones o de actores externos.

En los últimos años este concepto ha ganado relevancia debido al crecimiento de la inteligencia artificial, la computación en la nube, la dependencia de plataformas digitales y la concentración del poder tecnológico en un reducido número de empresas.

¿Quién decide cómo se desarrollan las tecnologías que condicionarán nuestro futuro?


Qué significa soberanía tecnológica

La soberanía tecnológica hace referencia a la capacidad de mantener un grado suficiente de autonomía y decisión sobre las tecnologías que utilizamos, las infraestructuras de las que dependemos y los datos que generamos.

Uno de los errores más habituales consiste en entenderla como una forma de autosuficiencia absoluta o aislamiento tecnológico. En realidad, ningún país desarrolla por sí solo todos los componentes tecnológicos que necesita.

La cuestión no es fabricar todo. La cuestión es mantener capacidad de decisión.

Eso implica:

  • Diversificar proveedores.
  • Desarrollar capacidades propias.
  • Invertir en investigación.
  • Fomentar estándares abiertos.
  • Impulsar ecosistemas innovadores.

La soberanía tecnológica, por tanto, no consiste necesariamente en eliminar las dependencias, sino en evitar que esas dependencias reduzcan hasta tal punto nuestra autonomía que terceros terminen condicionando decisiones estratégicas.


Por qué hablamos ahora tanto de soberanía tecnológica

Hace apenas una década este era un concepto utilizado principalmente por investigadores y especialistas en políticas tecnológicas. Hoy forma parte del debate público.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa, la crisis de los semiconductores, las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China o la creciente dependencia de infraestructuras digitales han demostrado que la tecnología ya no es únicamente una cuestión de innovación: también es una cuestión de poder.

El desarrollo de la inteligencia artificial depende, además, de una cadena tecnológica compleja. Los modelos necesitan grandes cantidades de datos, chips especializados, centros de datos y enormes capacidades de computación.

Esto sitúa en el centro del debate a compañías que desarrollan modelos de inteligencia artificial, proveedores de servicios cloud, fabricantes de semiconductores y plataformas que concentran grandes cantidades de datos.

Cuando una administración pública utiliza servicios en la nube, cuando una empresa incorpora modelos de IA o cuando millones de ciudadanos utilizan plataformas digitales, aparecen preguntas relacionadas con:

  • Quién controla los datos.
  • Quién establece las reglas.
  • Quién diseña los algoritmos.
  • Quién controla la infraestructura.
  • Quién obtiene el valor económico generado.

La soberanía tecnológica intenta responder precisamente a estas cuestiones.


Los tres pilares de la soberanía tecnológica

La capacidad de una sociedad u organización para mantener autonomía tecnológica depende principalmente de tres elementos: infraestructura, datos y conocimiento.

1. Infraestructura

Servidores, centros de datos, redes, servicios cloud, chips y sistemas operativos forman la infraestructura sobre la que funciona gran parte de la economía digital.

Una elevada dependencia de infraestructuras controladas por terceros puede limitar la capacidad de decisión de gobiernos y organizaciones.

2. Datos

Los datos se han convertido en uno de los principales recursos económicos del siglo XXI.

No basta con protegerlos. También resulta esencial decidir:

  • Quién puede utilizarlos.
  • Para qué finalidades.
  • Bajo qué condiciones.
  • Cómo se gobiernan.

3. Conocimiento y capacidades

La soberanía tecnológica también depende del talento y del conocimiento.

Investigación, universidades, comunidades de software libre, empresas innovadoras y capacidades industriales forman parte del ecosistema necesario para desarrollar tecnologías propias o comprender las implicaciones de las tecnologías importadas.


Soberanía tecnológica e inteligencia artificial

La inteligencia artificial ha situado la soberanía tecnológica en el centro del debate.

Los modelos de IA requieren enormes cantidades de datos, infraestructura computacional y capacidad de procesamiento. Actualmente buena parte de estas capacidades están concentradas en un número muy reducido de compañías.

Esta concentración plantea interrogantes sobre la autonomía tecnológica de empresas, administraciones públicas e incluso Estados.

Esta relación entre inteligencia artificial, poder y futuros tecnológicos es analizada en el artículo “World(coin) in the AI future: how sociotechnical fictions are instrumental to the cyberlibertarian transition”, publicado en la revista AI & Society.

En esta investigación se analiza cómo determinadas narrativas sobre la inteligencia artificial no solo describen el futuro, sino que contribuyen activamente a construirlo, condicionando decisiones políticas, económicas y tecnológicas.

Leer la publicación: World(coin) in the AI future

Las tecnologías nunca son únicamente tecnologías. También incorporan valores, intereses económicos y modelos de organización social.


¿Puede existir soberanía tecnológica sin controlar los datos?

Difícilmente.

Los datos constituyen la materia prima de la economía digital. Quien controla los datos posee una enorme capacidad para desarrollar inteligencia artificial, entrenar algoritmos, generar conocimiento y crear nuevos mercados.

Este tema aparece desarrollado en el proyecto de investigación Data Control Wars: Collaborative Fiction, Transition Design and Technological Sovereignty, donde el diseño especulativo se utiliza para explorar distintos escenarios relacionados con el control de los datos y la gobernanza tecnológica.

Más que ofrecer respuestas cerradas, el proyecto plantea preguntas fundamentales sobre quién debería controlar las infraestructuras digitales y cómo construir modelos tecnológicos más democráticos.

Consultar la investigación: Data Control Wars

Esta cuestión demuestra que la soberanía sobre los datos no puede separarse fácilmente de la soberanía sobre la propia infraestructura tecnológica. La capacidad de decidir quién accede a la información, cómo se utiliza y qué valor se obtiene de ella forma parte de la gobernanza de la tecnología.


Cómo utilizan este concepto gobiernos y empresas

La soberanía tecnológica no es únicamente un concepto político. También puede convertirse en un criterio para tomar decisiones estratégicas dentro de administraciones públicas y empresas.

Para los gobiernos, mantener capacidades tecnológicas propias puede resultar relevante a la hora de desarrollar políticas públicas, proteger infraestructuras estratégicas, gestionar datos o reducir dependencias críticas.

Para las empresas, estas mismas preguntas aparecen cuando deben decidir qué infraestructura utilizar, dónde almacenar sus datos, qué proveedores tecnológicos contratar o cómo incorporar inteligencia artificial a sus procesos.

Entre las estrategias que permiten reducir determinadas dependencias tecnológicas se encuentran:

  • Diversificar proveedores tecnológicos.
  • Utilizar arquitecturas abiertas.
  • Desarrollar estrategias multicloud.
  • Establecer sistemas de gobernanza de datos.
  • Invertir en conocimiento y capacidades internas.
  • Adoptar modelos de inteligencia artificial responsable.
  • Evaluar las implicaciones de nuevas tecnologías antes de implementarlas.

En este último punto también puede desempeñar un papel el diseño especulativo. Metodologías como las desarrolladas en FIXTIONS o las Design Fictions permiten construir escenarios colaborativos para analizar las posibles consecuencias de una tecnología antes de que esté completamente implantada.

En lugar de esperar a que aparezcan los problemas, estas metodologías permiten anticipar conflictos, visualizar escenarios y debatir alternativas en contextos de elevada incertidumbre.


Ejemplos reales de soberanía tecnológica

La soberanía tecnológica ya forma parte de numerosas estrategias internacionales y puede observarse en iniciativas relacionadas con la regulación, los semiconductores, la infraestructura cloud, el software libre o la inteligencia artificial.

Europa

La Unión Europea ha impulsado diferentes iniciativas destinadas a aumentar su capacidad de decisión en el ámbito digital.

  • Reglamento europeo de Inteligencia Artificial.
  • Estrategia Europea de Datos.
  • European Chips Act.
  • GAIA-X para infraestructuras cloud.

GAIA-X e infraestructuras cloud

Las iniciativas orientadas a desarrollar infraestructuras digitales y cloud muestran que la soberanía tecnológica también depende de dónde se procesan los datos y de quién controla las capas fundamentales de la infraestructura digital.

European Chips Act

Los semiconductores son otro ejemplo de dependencia estratégica. La disponibilidad de chips condiciona sectores que van desde la industria del automóvil hasta los centros de datos utilizados para desarrollar inteligencia artificial.

Software libre y estándares abiertos

El software de código abierto y los estándares abiertos pueden contribuir a reducir dependencias al permitir que organizaciones y administraciones comprendan, adapten y desarrollen determinadas tecnologías sin quedar completamente vinculadas a un único proveedor.

Cada vez más instituciones promueven software de código abierto, contratación tecnológica responsable, infraestructuras digitales propias y estrategias de datos abiertas.

Inteligencia artificial abierta

El debate sobre la apertura de los sistemas de inteligencia artificial conecta directamente con la soberanía tecnológica: quién puede acceder a los modelos, comprender su funcionamiento, adaptarlos y construir nuevas aplicaciones sobre ellos determina en parte cómo se distribuye el poder dentro del ecosistema tecnológico.


¿Por qué la soberanía tecnológica será uno de los grandes retos de esta década?

La inteligencia artificial, la computación cuántica, la automatización o la biotecnología transformarán profundamente nuestras sociedades.

La cuestión ya no es únicamente qué tecnologías utilizaremos.

¿Quién decidirá cómo se diseñan, cómo se gobiernan y a quién beneficiarán?

La soberanía tecnológica propone ampliar el debate más allá de la innovación o la competitividad económica.

Invita a reflexionar sobre democracia, autonomía, derechos digitales y capacidad colectiva para orientar el desarrollo tecnológico hacia el interés común.

En este sentido, las investigaciones de Andreu Belsunces muestran que imaginar futuros tecnológicos no consiste únicamente en describir lo que podría suceder.

También significa participar activamente en la construcción de esos futuros.

La soberanía tecnológica será, por tanto, uno de los grandes retos de esta década porque las decisiones sobre infraestructura, datos, inteligencia artificial y conocimiento que tomamos hoy determinarán qué capacidad tendremos mañana para decidir sobre nuestra propia tecnología.

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